"Cuando gané las ocho medallas de oro, me di cuenta de que ya no había nada más que esperar. Había logrado algo que nadie en la historia de la humanidad había hecho, algo para lo que literalmente había programado cada segundo de mi vida. Fue increíble, sí, pero mi reacción fue simplemente decir: 'Vale, genial, ahora necesito espacio'. Fue el momento en el que decidí ponerle un freno al deporte y simplemente intentar ser yo, intentar ser un chico normal. Estaba agotado de ser 'la leyenda' y necesitaba descubrir quién era Michael cuando no estaba en el agua. En ese silencio después de la gloria, aprendí más de mí mismo que en todos los años de entrenamiento, porque me permití vivir situaciones que el profesionalismo me había arrebatado." "A veces me preguntan por los sacrificios, por todo lo que dejé de lado durante años. ¿Hubiera sido divertido irme de fiesta con mis amigos o escaparme de viaje un fin de semana? Claro que sí. Pero ganar 23 medallas de oro ...
